Mil novecientos noventa y siete empezó en miércoles de 2x1 de cine aunque no sé si eso aplicaba en ese entonces. Yo tenia 7 años, los de la suerte, y no sabia que pasarían 11 años para que me pusiera a acordarme lo que en ese entonces me sucedia y escribirlo como narración de principio de película barata de los ochentas que empieza en flashback. El OK Computer vió luz o mejor dicho dió luz a ese año, claro que yo no ni sabía quien era Thom Yorke y no me importaba. Era un chámaco que le gustaba jugar con tierra y aventarse a los charcos. Hasta que llegó el huracán Paulina. Sí, en ese mismo año, y no hablo del huracán que atacó a las costas, yo hablo de mi propio huracán con silueta de niña que le gusta mucho vestirse de rosa.
Mi primera tarea no entregada fue su culpa, recuerdo haber sido el niño raro que no hacia tareas (pinches geeks todos) y la maestra me gritaba con los venas de los ojos rojas, muy rojas -¡Aquí no estamos jugando a la escuelita!- me cagaba tanto y la recuerdo con rencor porque yo que podía hacerle, mi cuerpo y todo lo que ocupaba mi mente era invadido por sensaciones extrañas, me valía madres una composición en ingles acerca de los elementos de mi classroom. Lo que fue y es importante es que ese año de 1997 mientras el mundo veía en los cines a Kate Winslet encuerada en Titanic, en mi vida el concepto y entendimiento de lo que es ser idiotizado por una chica agarraba vuelo.
Lady Di y la Madre Teresa de Calcuta muertas, el fenómeno del Niño, la Dolly clon, el final sublime que es The Tourist siendo escuchado por tantos y yo perdido. Lo de Paulina fue algo más que solo un amor infantil, iba a su casa a dormir, me daba besos mientras jugábamos a las escondidillas (¿quien le habrá puesto el dillas?) encerrados en closets de limpieza. Que inocentes todos los niños con los que jugábamos, que ganas de no ser encontrado sentía yo, todo otro enfoque del juego, más bien, el completo olvido del juego, solo pensaba en lo húmedo y raro que era un beso que sabia a prohibido y no tenía permiso de mamá, se me revolvián las tripas, me sentía malo, pero como me gustaba. En las escondidas y las mañanas de despertar junto a su cama en un sleeping, en nuestras manos pequeñas, las ferias, los juegos de McDonalds, en las cartas que me escribía: surgían los sentimientos inmensos, que no cabían en cuerpos de niño pero que aún así se acomodaron y agudizaron todo, la vista, el tacto, el oído.
A veces me acuerdo de ella, la ultima vez que la vi fue en la pantalla de tv, ella de edecán de Chabelo y yo con ojeras de domingo, despertando con lagañas. Miento, fue en Matando Cabos diciendo "no va a bajar porque estas bien pinche bizco" y se que puedo volver a escucharla, poniendo el dvd y ahí estará siempre. Pero la Paulina que conocí desapareció de mi vida en el 2001, sin aviso, ni un te recordaré. Yo no se si se acuerde de mi entre tanto Televisa y ni puedo imaginar que sera de ella. Solo sé que vino a cambiar las cosas que eran importantes para mi y hacer de mi primaria una institución memorable, solo por ella.
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