lunes, 20 de octubre de 2008

Finiquité

De pronto mis pisadas eran lentas, como si el zapato tuviese chicles en toda su planta, los suficientes para detener el paso, lo suficiente para no llegar a tiempo.
¿Que tiempo? Si un reloj de arena estuviera corriendo ya me encontraría sepultado y oprimido por cada uno de los granos, punzando el cuerpo. Una corcholata oxidada en la playa, oculta y que si es descubierta se corre el riesgo de tétanos. -Quitate el zapato- pensé, luego pisé el concreto de medio día sin nubes a la vista, quema. -Corre- pensé, -Vete a la mierda- contesté.
No tengo que llegar a ningún lugar, no hay un tiempo establecido, puedo quedarme con mis zapatos. Es el principio, ahora veremos quien domina a quien. Sal, identidad escabrosa forjada entre residuos putrefactos, entre normas y estándares sociales, corbatas y esclavitud de cubículo. Las estructuras arriba de mi aparecen desafiantes, uno menos, si vivo luchando, moriré luchando sin ganar, así será.

No hay comentarios: