De niño solía quedarme despierto por horas imaginando que haría sin los seres amados, era insomnio que aterrorizaba, lloraba y no me dejaba en paz la idea de que alguna vez los tenia que ver partir si yo no me iba primero. Clau era la que más me dolía, supongo que por ser ya mayor y también la que más quiero.
Hace 6 años fue cuando le detectaron el cancer, fue la primera vez que veía esa palabra de cerca y no en comerciales de cigarros o en campañas de salud. Al principio solía ver el cancer en mi abue pero ella no nos dejaba por ningún motivo leerla en su ser y es que a pesar del dolor agudo que podría haber estado sintiendo, siempre lo camuflajeaba con alguna sonrisa sutil o un disimulo de sueño, con su armonía de toda la vida. En esa época me dolió verla así, con sus brazos delgados, esos que antes cargaban pesas de 5 kilos todos los días al despertar. Por las quimios perdió cabello y mi ma' la rapó, me gustaba como se veía, usaba un turbante rojo que la hacia ver mística y elegante. A pesar de que ella tenia pinta tranquila, yo al verla y platicar con ella sentía la frustración que tenia de estar confinada una cama después de haber caminado tanto por su Orizaba.
Solo le habían dado 3 meses, hace 6 años.
Y en todo ese transcurso muchas cosas cambiaron, le creció el cabello de nuevo (en lugar de brotar cano, era gris oscuro) ella parecía que se acostumbraba al dolor, pero recalco: solo era apariencia. El dolor que sentía era suyo y no quiso hacerlo de los demás, aunque era inevitable la empatía en nosotros. En esos años yo pase largos ratos junto a su cama, acostado en la alfombra, platicando de los días presentes, pasados y futuros, escuchando discos que le ponía, comiendo dulces, simplemente compartiendo. Me decía que ya quería irse, me platicaba todo lo que sentía, sus dolores, me hubiera gustado compartir también con ella, aunque sea a ratos, parte de su dolor para que se sintiera mejor por unas horas. Ya no pensaba como en mi infancia, no me aterrorizaba la idea de que se fuera, la aceptaba con sonrisa quebrada y cuando empezaba a hablar de sus ganas desertoras yo solo le decía que me viniera a jalar las patas de vez en cuando.
Cuando nos despedíamos, yo siempre regresaba a su cama corriendo a abrazarla de nuevo, varias veces, en lo que mi familia se despedía y mi madre se ponía a platicar de nuevo, regresaba porque sabia que ella estaba ahí y no quería irme sin aprovechar que podía hacerlo, una y otra vez. Ya cuando era hora definitiva de irme solo le gritaba -¡Nos vemos!- y ella respondía tambien - Nos vemos mijo-, las ultimas veces ya no quise gritarle eso porque la única razón por la que lo hacia era por mi miedo de no verla otra vez, me sentia bien que respondiera que nos volveriamos a ver, me reconfortaba ese pacto. Al final, solo un -Gracias, te amo- le susurraba al oido y sus ojos se rasgaban (cuando lloraba así eran sus ojos, orientales).
Ahora que ya se fue y que yo la amo y me amó y compartimos la infinidad que nos correspondía y quedo conmigo su ejemplo y que puedo hablar con ella en mis adentros, soy feliz de haber tenido a una abue, así como Clau.
