jueves, 14 de mayo de 2009

El martes pasado estaba yo tomando fotos cuando

vi en una parada de camión del otro lado de la calle a un perro. Yo me dije -Que buena foto- entonces me agaché para tomarla y cuando iba a dar el clic este perro me vio y corrió directo hacia mi con esa sonrisa perruna que encanta. Estaba yo en la explanada de la iglesia de San Sebastian de Aparicio, aprovechando el ocio y la luz de crepúsculo que había para tomar fotos. Por un rato estuve fotografiando al perro y luego lo perdí porque se metió a la iglesia para atormentar a los católicos-patea-perros, eso hizo que me cayera bien; después de un rato empecé a caminar hacia el zócalo y noté que el perro me seguía, al ver esto uno de los que cuidan coches me dijo que me lo llevara, que era un buen perro y siempre andaba por ese rumbo.

Me seguía por todas partes y cuando yo entraba a comprar algo en alguna tienda se quedaba afuera, sentado esperándome. Cuando termine de hacer lo que tenia que hacer en el centro, camine de regreso a mi casa y el seguía ahí siguiéndome. Fue una de las mejores caminatas que he andado, con él a veces adelantándome o perdiéndose por 3 calles y yo pensando que tenia que pasar, que era demasiado bueno para ser verdad y tenía que irse tarde o temprano, pero siempre regresaba corriendo a mi lado ahuyentado esos pensamientos realistas.

Llegamos a mi casa, le abrí la puerta, le dí agua y algo de comer, estuve un rato sentado con él y luego le grite a mi mamá que bajara, que había hecho otra tontería, bajó, no se sorprendió de mi tontera pues ya está acostumbrada, me dijo que seguro lo había mandado mi abuelo (él siempre cuidaba perros vagos sin rumbo) y estuvo un rato con él, después Jodo (le puse así por un tal Jodorowsky) se puso inquieto, juguetón, seguro le daba gusto que alguien lo aceptará otra vez y digo otra vez porque Jodo seguro había sido un perro casero antes y por alguna treta del destino había quedado en las calles. Fue tanta su emoción por sentir afecto de nuevo que me desesperó y pensé en dejarlo ir, así de cruel y es que me desesperó por que se montaba a cosas y saltaba y rasguñaba, lo comprensible en un perro feliz. Entonces mi ma' me acompaño a dar una vuelta a la manzana para dejarlo afuera, a ella se le ocurrió subirnos a un camión para perderlo y eso hicimos, cuando completamos el plan y lo vi desde el camión sentí una tristeza enorme por lo cruel y drama de la escena. Nos bajamos dos calles adelante y caminamos de regreso a la casa, pensando que era un buen perro, que pobrecito, que qué estará haciendo, etc etc. Mi mamá dijo -apuesto a que vamos a llegar a la casa y ahí va a estar, no es tonto- y efectivamente eso pasó, solo que no estaba en la entrada, se metió hasta la cocina el pinche Jodo. Pensamos en otros planes para dejarlo afuera, pero al final yo no pude hacerle eso y pasó la noche en mi casa, un gusto.

Al día siguiente me desperté y lo baje a ver, estuve jugando con él y le dí algo de comer. Me gustaba verlo desde la ventana de la cocina, ahí sentado viendo la puerta o durmiendo tranquilo con su plato de agua limpia y otro de croquetas. Es una buena sensación esa de sentirte amigo de alguien, de cruzar caminos y consecuentemente, que estos cambien el rumbo para bien o para mal. Con Jodo me pasó eso, lo veía y me sentía su amigo y el me lo dejaba saber.

Mi papá le consiguió un dueño, un velador viejito del lugar donde trabaja disfruta su compañía ahora, lo fuimos a dejar, me dio tristeza pero al menos me reconfortó el saber que no volvería a estar en la calle, luego escuché una canción de TV on the Radio que se llama Love Dog y que me parto, se me salieron dos que tres lágrimas.

No tan seguido se hacen buenos amigos como Jodo, se le extraña.